Ese es el nuevo claim de Fanta, arriesgado pero muy acertado. Quizás Fanta no sea una marca con la que me identifique o alabe sus acciones de comunicación un tanto peculiares, sobre todo, en los últimos tiempos.

Pero esta vez es digna de mención, la marca siempre ha tenido un estilo joven y desenfadado, ha sabido trabajar los insights como nadie: desde la diversión de los jóvenes sin un duro, hasta los trabajos soñados de este colectivo; para acabar en la época actual a enviar a tomar viento fresco a quien moleste aunque con humor y sutileza.

Estamos en crisis y la crisis afecta a nuestro bolsillo y a nuestra paciencia, invitar a enviar a alguien a la mierda parecia algo tabú en publicidad y más en estos momentos. Pero en este contexto de irremisible sumisión es cuando la gente necesita un vía de escape, que por supuesto, no viene dada por una Fanta sino por un concepto fuerte y arriesgado.

Quizás alguien piense que el producto sele mal parado debido a las connotaciones negativas. Yo, por el contratrio, pienso que no hay nada mejor para esta marca que ser un estandarte de la diversión y de la sinceridad ácida. Un estilo que hasta el momento les ha funcionado con el concepto “con poco me lo monto”.

Lo maravilloso de la marca es detectar esas pequeñas manifestaciones sociales y plasmarlas con tanta nitidez y sin miedos, utilizando un estilo lleno de humor. Hace unos pocos años se detectaba que un grupo de población, los jóvenes, tenían que divertirse con lo poco que tenían y que su única baza era su picaresca e ingenio. Ahora, las cosas han cambiado, ya nadie tiene dinero, ni lo vamos a tener en un futuro inmediato, ahora hay crispación y enfadado.

Quizás no sea la campaña más creativa, pero ha conseguido llamar la mi atención y eso no es tarea fácil.